Una noche de verano, después de una interesantísima conferencia a cargo de un jóven, pero docto experto en física y otras disciplinas, algunos de los asistentes (ingenieros informáticos en su mayoría) confesaron no haber entendido el experimento de doble rendija ni el razonamiento que lo sostiene. “Es normal, nosotros los físicos tampoco lo entendemos, pues escapa a nuestra lógica, hemos llegado a esas conclusiones sólo por formulación matemática. Tampoco puedo poner un ejemplo que comprendas, pues eso significaría reducirlo a nuestra lógica y el Universo escapa a nuestra lógica“.

Y a continuación añadió que nuestro cerebro es tan complejo que no podemos entenderlo y si pudiera ser más sencillo, seríamos tan tontos que no lo podríamos comprender tampoco, ergo un sistema no puede comprenderse a sí mismo.

Pero eso no significa que debamos desistir de aproximarnos, de intentar conocerlo, ni que sea por formulación matemática. Ese esfuerzo infinito que nunca se verá culminado es en realidad el motor de la evolución humana. La lógica de la física cuántica escapa a nuestra comprensión, por tanto podríamos inferir que es una ciencia inútil o inócua, sin embargo eso es un gran error. La simple aplicación práctica de lo poco que conocemos a la llamada computación cuántica cambiará drásticamente el futuro de la Humanidad (no sé decir si para bien o para mal, porque depende del uso que se haga).

Para manejar eficazmente algo que no comprendemos, necesitamos un sistema que “traduzca” el sistema complejo a un sistema comprensible para nuestra limitada lógica, a esos sistemas en informática se les llama interficies.

Hablaremos en próximos artículos de esas “interficies” humanas y su importancia.

Para saber más sobre sistemas autoreferenciales, recomendamos el libro “Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle” del científico, filósofo y académico estadounidense Douglas Hofstadter.